domingo, 9 de noviembre de 2014

Sinopsis

Desde las profundidades de su castillo en Transilvania, Vlad Draculea decide que ha llegado el momento de abandonar las sombras. Después de siglos viviendo en la oscuridad encuentra un libro que le proporciona un atisbo de esperanza. 
Sin miedo a nada, el vampiro más conocido del mundo se adentrará en Londres del siglo XXI en busca de la única persona que le puede ayudar. Una bruja descendiente de las brujas más poderosas que jamás hayan existido. Su plan: seducirla y obligarla a que haga el hechizo. 
Pero todo plan puede tener sus fallos. Vlad no vio venir que la belleza y el carisma de la joven Silvia le enloquecerían hasta quedar prendado de ella. 

El cazador se verá cazado y su condena cambiará para quedar encadenado a los ojos verdes de esa bruja. 

Tus ojos son mi condena

Un hombre condenado a la oscuridad eterna. Después de siglos escondiéndose entre las sombras, descubre que una mujer puede terminar con su condena. ¿Logrará convencerla o terminará atrapado sin ver la luz del sol nunca más? Sombras y tinieblas, años de historias y leyendas chocarán con la realidad más actual, con la luz y la esperanza que nunca creyeron encontrar. Un vampiro legendario decidido a recuperar su humanidad aunque el rastro de la sangre que ha derramado le persigue. Una chica "normal" con ciertos poderes que no puede controlar. Dos caminos destinados a cruzarse pero con dos realidades totalmente opuestas, ¿quién sucumbirá a quién? 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Sudar

Siento su mano cálida sobre mi mejilla, mi corazón late acelerado y soy incapaz de dejar de mirar sus labios. Esos que tantas veces me han besado y que ahora dejan escapar el aire de su interior de manera entrecortada. Me muerdo mi labio inferior pero él lo libera con el pulgar.
—Deja que sea yo quién lo muerda —sin más, junta sus labios con los míos arrastrándome con este beso al mismísimo paraíso. Enredo mis manos en su pelo y me dejo guiar por él hasta que siento la cama detrás de mis muslos.
Nos separamos para tomar aire sin dejar de mirarnos a los ojos, los suyos tan castaños y oscuros me hipnotizan. Brillan expectantes y excitados al igual que los míos. Siento mis mejillas arder y mi cuerpo a punto de explosionar a medida que sus manos lo recorren.
Lentamente nos acostamos en la cama, siento el peso de su cuerpo sobre el mío pero no me importa, me pego más a él si es que eso es posible. Acaricio su espalda y la araño lentamente mientras él muerde mi cuello. Me arqueo y le veo sudar porque se está conteniendo, pero yo solo quiero que disfrute al igual que quiero disfrutar yo. Tomo su rostro entre mis manos y nos miramos fijamente.
—Te quiero.
—Y yo preciosa —siento su mano acariciar mi estómago y perderse entre mis piernas. Empieza a jugar con mi clítoris y siento que voy a explotar en cualquier momento, se apodera de mis labios e introduce un dedo lentamente en mi interior. Siento su aliento en mi oído y sus palabras son las que me catapultan al orgasmo.
—Adoro cuando te ruborizas, cuando gimes, cuando ríes, cuando disfrutas, pero sobretodo te adoro a ti Emma.
Clavo mis uñas en su espalda mientras intento recuperar la cordura. Veo sus ojos mirándome divertidos y excitados, muy excitados. Busco su erección y no tardo en encontrarla, la sudor cae por su cuello y gime cuando le acaricio.
—Quiero sentirte Iván, te quiero dentro de mí —cuando escucha mis palabras no tarda en posicionar la punta de su miembro en la entrada de mi vagina. Lentamente se va abriendo para acogerlo entero y disfruto de todo él. Nos besamos e Iván empieza a moverse lentamente. A medida que ambos vamos gimiendo más aumenta la velocidad, esa sensación ahora tan conocida por mí empieza a crecer en el fondo de mis entrañas.
—Joder Emma, eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
—Tú eres mi vida Iván —y sin más, con una última estocada ambos nos vemos catapultados hacia un orgasmo totalmente devastador.

Sin salirse de mi interior se deja caer sobre mí, entierra su rostro en mi cuello donde reparte besos por doquier mientras que yo acaricio su espalda, su cuello y su pelo. Sonrío sin poder evitarlo al pensar que este hombre es mío y que cada día nuestro amor crece más. 

martes, 4 de noviembre de 2014

Floral

Me quito los shorts de mala gana. Yo no quería venir de compras pero como siempre la loca de mi amiga me ha arrastrado. No sé por qué insiste en que debo llevar un vestido para la fiesta de primavera.  Es una fiesta como tantas otras, celebramos el inicio del verano, del otoño, del invierno y ahora de la primavera. Ir a lago a charlar y beber con los amigos no merece tanta parafernalia porque al final terminamos sentados en el suelo y riéndonos a carcajadas de tonterías.
Mi amiga se asoma al probador y me deja tres vestidos.
—No pienso ponerme eso —digo cruzándome de brazos. Ella me mira enarcando una ceja y sé que no tengo nada que hacer.
—Y lo creo que sí, elige el que quieras pero tiene que ser uno de estos tres. Te espero aquí —cierra la cortina y me deja con estos tres vestidos.  Son de diferentes colores pero todos tienen algo en común, tienen estampado de flores.
Me pongo uno azul que no me gusta, otro rosa que no me viene y finalmente uno blanco. Me niego a probarme más cosas pero este tampoco me termina de convencer. Recojo mi melena rubia en una cola alta y decido ponerme firme. No tiene por qué obligarme a ir vestida así si no quiero.
Abro la cortina con decisión y sin pensarlo demasiado digo lo que tengo que decir.
—No pienso ponerme esto tan floral, me importa un pimiento la bendita fiesta de primavera. Pienso ponerme unos pantalones  y una camiseta y listo.
—Una pena, ese vestido te queda genial —levanto la mirada y veo a un chico increíblemente guapo mirándome con una sonrisa seductora. No me lo puedo creer, acabo de hacer el ridículo más espantoso de mi vida porque mi amiga ni siquiera está por aquí. Se acerca y acaricia mi pelo liberándolo de la cola. Acaricia mi cuello y acerca sus labios a los míos, casi estamos los dos dentro del probador pero entonces reacciono y le doy un bofetón con todas mis fuerzas.
— ¡Pervertido! —me toma de la cintura y me pega a su cuerpo. El corazón me late acelerado y cierta parte de mi cuerpo arde por una caricia suya.

—Hermosa —sin más estampa sus labios contra los míos, pienso en apartarle pero mi cuerpo va por libre y lo único que hago es acercar más mi cuerpo al suyo corriendo el riesgo de entrar en combustión espontánea. 

lunes, 3 de noviembre de 2014

Pimienta

Suspiro al mismo tiempo que el reloj de pared marca las doce de la noche. Por fin la cafetería se ha quedado vacía y el misterioso hombre que aparece siempre a la misma hora creo que hoy no va a venir.
No sé cómo sentirme al respecto porque es muy atractivo aunque tiene un aura de misterio que me recuerda al mismísimo Drácula.
—Menuda tontería Silvia, los vampiros no existen —me río de mí misma y de mis ocurrencias cuando escucho la puerta de la cafetería. —Está cerrado —me giro para encarar a la persona que viene a las doce de la noche y me quedo clavada en el sitio. Es él, el mismo hombre de siempre.
—Todas las noches está abierto para mí Silvia — ¿cómo sabe mi nombre? No recuerdo habérselo dicho. La teoría de que es un vampiro vuelve a mi cabeza loca.
Esta vez se acerca y se sienta en un taburete que hay en la barra en lugar de la misma mesa de siempre. Eso es extraño y tenerle tan cerca me pone los nervios de punta.
— ¿Lo de siempre? —pregunto intentando ocultar el nerviosismo de mi voz.
—No, voy a necesitar algo más fuerte hoy. ¿Whisky? —asiento y le sirvo la copa. Cuando su mano toca la mía siento que está frío, es extraño porque en esta época del año hace una buena temperatura. Veo una pequeña mancha roja en el cuello de su camisa blanca, no parece pintalabios. Se da cuenta de lo que estoy mirando y me dedica una sonrisa enigmática.
— ¿Cómo sabe mi nombre? —pregunto sin pensarlo demasiado.  
—Te he leído el pensamiento —mis ojos se abren como platos. Y él sonríe mostrando su dentadura blanca. —Lo pone en la chapa que llevas en el uniforme —señala mi pecho derecho y veo que es cierto. “Que tonta eres Silvia” me reprocho a mí misma.
—Parece que ha estado bien acompañado señor…
—Vlad  y sí, la mancha de mi camisa no es de carmín. Por eso puedes estar tranquila, ahora mismo no tengo sed —me quedo petrificada, reconozco el nombre al momento y no puedo creerlo. Debe ser una broma de mal gusto pero se llama igual.
—Muy gracioso, ahora me dirá que se llama Vlad Draculea y es el vampiro por excelencia. Deje de burlarse de mí —resoplo y me doy la vuelta, él aparece delante de mí sin apenas haberlo escuchado moverse. Joder esto da miedo.
—No te estoy mintiendo Silvia, tú misma te lo has preguntado yo te lo confirmo. ¿No crees en los vampiros? Tienes delante de ti a uno —me muestra sus colmillos y yo salgo disparada hacia la cocina cojo lo primero que encuentro para frenarle. Se detiene y me mira con una enorme sonrisa.
—Detente ahora mismo y déjame en paz o… te vas a enterar —le amenazo aunque sé que no me teme.
—Silvia ¿pimienta? Incluso hubiese sido más creíble que me amenazases con ajo, aunque no me hace ningún efecto, que con pimienta —desaparece delante de mis ojos y siento su aliento en mi oreja. Acaricia mi pelo suavemente y por alguna extraña razón no siento miedo.
— ¿Vas a matarme?

—No, nunca podré matar a la mujer que amo y que le da un poco de luz a mi oscuridad sin ser consciente de ello. 

domingo, 2 de noviembre de 2014

Medianoche

Las horas se me hacen eternas, desde que le vi no puedo evitar querer verle más de lo que debería. La razón es mi principal virtud y todos creen que aunque sea mujer no tengo sentimientos como tal. Pero aparte de cerebro tengo un corazón al que nadie nunca ha entrado y que solo yo sé quién es el dueño aunque este nunca lo sabrá.
Ya es medianoche, cada uno está en sus aposentos aquí en el Olimpo. Es el momento perfecto para poder verle. Me acerco al balcón desde el que vemos el mundo mortal. Y allí está con su pelo negro como la noche, sus ojos azules y esa sonrisa que hace que todo mi cuerpo vibre.
Veo a Afrodita partir hacia la Tierra, ella se dedica a seducir a los hombres. Al ser la diosa del amor todos caen rendidos a sus pies, ella puede dejarse llevar por sus instintos de mujer, en cambio yo tengo que contenerlos y aprender a vivir siempre basándome en la razón.
—Será mejor que dejes esta obsesión enfermiza por ese chico mortal Atenea. Lo tuyo es la guerra y el pensamiento, no el amor y la pasión —mi lechuza viene volando y se sitúa a mi lado. La observo y la acaricio suavemente. —Qué triste, hasta moriré virgen —sonrío aunque estoy llena de anhelo y tristeza por dentro.
Mi lechuza mueve las alas inquieta, vuelvo la vista hacia abajo y allí está. Mi hombre, mi guerrero, mi mortal hablando con una chica. La reconozco al instante, es la mujer más bella que existe y existirá jamás. Los años no la hacen envejecer y los hombres caen a sus pies con suma facilidad. Afrodita, mi hermana, está hablando con él. El único hombre que ha llamado mi atención desde que existimos y ella no es capaz de respetar eso.
Afrodita mira hacia arriba, sabe que la estoy observando. Toma el rostro de mi hombre entre sus manos y sin cortarse lo más mínimo le besa, devora sus labios sin ningún tipo de pudor. Aparto la vista en ese instante, no puedo ver más. Me alejo del borde del balcón con mi lechuza y desde aquí escucho los gritos y jadeos de mi hermana que está gozando entre los brazos de ese hombre al que amo y al que jamás podré tener.
—Tienes buen gusto, es un hombre muy pasional hermana —la voz dulce de Afrodita me hace volver a la realidad. Ha sido rápida o yo he perdido la noción del tiempo.
—Eres una traidora —la encaro y ella suelta una carcajada.
—Nunca lo vas a poder tener, es un amor imposible porque el amor no está hecho para una mujer guerrera como tú. Dedícate al arte de la guerra y del pensamiento y déjame a mí disfrutar de los hombres de verdad —sus palabras me atraviesan como cuchillos. Me da la espalda y se va hacia sus aposentos. Vuelvo a acercarme hacia el borde del balcón desde donde veo a ese hombre que tanto anhelo vivir su vida sin ningún problema.
Ha llegado el momento, esta será la última vez que lo veré. Tengo que olvidarle porque es algo totalmente imposible. No tengo derecho a conocer el amor ni a soñar con él. Una lágrima escapa por el rabillo de mi ojo, la seco con la mano mientras lentamente me doy la vuelta.

—Adiós mi amor, el único capaz de alcanzar mi corazón —ahora, ese órgano está guardado dentro de una caja de oro, protegido por una mujer que puede hacer daño a todo aquel que se acerque. Ese corazón que siempre tendrá dueño, ahora está custodiado por Medusa y pobre del que intente alcanzarlo porque su destino será transformarse en piedra por el resto de la eternidad. 

Felino

Salgo de casa corriendo, no llego a clase y si vuelvo a llegar tarde la profesora me va a expulsar directamente. Debo admitir que madrugar no es lo mío pero ya solo me quedan unos meses para terminar bachillerato y poder disfrutar del verano. “Después de preparar la selectividad” gracias cabeza, no me metas presión ¿quieres?
Giro la esquina sin pararme a mirar si viene alguien, casi tropiezo con un gato negro, el felino tiene unos ojos verdes que me miran fijamente. Me atrevería a decir que hasta parece enfadado. Ya desvarío. Miro el reloj y sigo corriendo, necesito llegar cuanto antes.
Tengo la sensación de que alguien me sigue, el gato negro viene corriendo detrás de mí.
— ¡Lárgate gatito! Tengo prisa y no tengo nada para darte de comer —hasta hablo con los animales, soy peor que el loco del lado de mi casa que convive con diez gatos.
El felino me sigue pisándome los talones pero no me importa, llego a tiempo al instituto. Llego a la puerta y cuando voy a abrirla veo el reflejo del gato a mis espaldas. ¡Me ha seguido hasta dentro del edificio! Abro la puerta y entro, la maestra acaba de llegar.
—Vaya Luis, hoy sí has llegado a hora. Por los pelos —asiento y me acomodo en mi lugar habitual. Mi amigo Alex me guiña un ojo desde la otra parte de la clase, somos bastante revoltosos juntos por eso nos mantienen a distancia.
La puerta se abre y entra una chica morena con unos ojos verdes increíbles. Es nueva sin duda. Habla algo con la profesora y esta le indica que se siente justo a mi lado. Ella se sienta y me mira con sus ojos verdes mientras que por su rostro se extiende una sonrisa. Creo que es una bruja y me ha hechizado la verdad.

— ¿Siempre vas con tanta prisa? —su comentario me sorprende. La profesora empieza la clase pero mis ojos están clavados en esa mirada esmeralda, me recuerda mucho a alguien pero no sé a quién hasta que mi mente analiza los hechos. Me recuerda… al felino negro que me ha seguido.