lunes, 17 de noviembre de 2014

Capítulo 5

Adele Davis
Estiro cada músculo de mi cuerpo, siento como una tonta sonrisa inunda mi rostro. Las imágenes de la noche anterior acuden a mi mente como un torbellino, Ethan, Ethan. Sus manos, sus labios, su cuerpo, su calor, su aliento y sus palabras. Todo en él hace que mi cuerpo se estremezca solamente con recordarle. Ruedo sobre la cama para acercarme al lado de la cama donde seguramente está él. Paso mi mano por el lado de la cama y está frío, abro los ojos repentinamente  y veo que estoy sola.
—No seas malpensada Adele, seguramente esté en el baño— me levanto y siento todo el cuerpo resentido después del increíble sexo que tuve anoche, este hombre es todo un portento sexual. Me sonrojo solo de pensarlo. Empiezo a buscar por todo el apartamento pero no hay rastro ni de él ni de su ropa. Genial, ¿no querías cambios Adele? Toma cambio, abandonada después del mejor sexo de toda mi vida.
Doy media vuelta para regresar a la habitación, miro el ordenador y allí veo un papel que antes no estaba. Lo cojo y de inmediato soy consciente de que esa caligrafía no es la mía. Leo la nota y tengo que reprimir las ganas de empezar a dar saltitos de alegría como una niña de tres años.
Querida Adele, ahora denominada mi musa y mi diosa. He tenido que irme por un asunto urgente pero espero que no te olvides de mí. Hoy me volverás a ver.
P.D: despertar contigo ha sido…lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
Ethan”
¡Es una nota suya! Como una colegiala cojo la nota y me dirijo a la habitación me dejo caer en su lado de la cama y abrazo la almohada que huele a él. No me ha abandonado, simplemente le ha surgido algo y no intercambiamos números de teléfono. Eso fue un error por mi parte, si tuviera su teléfono podría llamarle y… el sonido del timbre interrumpe mis pensamientos.
Voy hacia la puerta dando saltitos pero antes de abrir veo mi reflejo en el espejo que hay al lado de la puerta. ¡Madre mía! No puedo abrir en ropa interior la puerta de casa. Vuelvo disparada hacia la habitación, cojo unos pantalones cómodos de andar por casa y una camiseta enorme. Espero que no sea él porque ahora mismo soy la mujer menos sensual del planeta.
Abro la puerta y veo a Mark apoyado en el marco de esta. Le sonrío como una bobalicona y me aparto para que pueda entrar. Él no deja de mirarme, me repasa entera y enarca una ceja a causa de mi atuendo. Sí, lo sé. Es horrible.
—Vaya, parece que alguien ha tenido una noche entretenida…— dice con una sonrisita burlona. Me aparto para que pase y le devuelvo la sonrisa.
—Sí, la mejor noche de mi vida. Con el hombre más…que he conocido jamás.
—Me lo tendrás que prestar, somos amigos y los amigos comparten— me guiña un ojo y yo niego con la cabeza.
—Ni de coña Mark, este hombre es para mí—. Ambos empezamos a reír como dos lunáticos. Ahora entiendo porque él y Joy se llevan tan bien, es un tipo genial.
—Al menos invítame a desayunar y cuéntame que tal con ese dios griego, porque le he visto salir esta mañana— levanta las cejas y yo enrojezco al instante.
—Está bien, te prepararé tortitas.
—Con sirope de chocolate, por favor— niego con la cabeza, este hombre no se priva de nada y tiene un cuerpo de infarto. Empiezo a hacer las tortitas mientras se sienta en la barra de la cocina. Mirándome y esperando a que empiece a relatar.
—Bueno, nos habíamos visto antes. El primer día que llegué fui a escribir a un parque y él estaba corriendo, le vi y la inspiración vino a mí. No he podido apartar su mirada de mi mente desde entonces y cuando anoche le vi aparecer en el bar… simplemente me dejé llevar y ¡Oh dios mío!
— ¿El mejor sexo descontrolado de tu vida?
—Sí, sin duda. Con mi ex todo era más normal. No sé cómo expresarlo— la verdad es que hace tiempo que no pienso en él.
—Tu ex era un soso en la cama y un gilipollas por dejar escapar a una chica como tú. Creo que ya dije en su momento que era gilipollas— los dos nos miramos y sonreímos. Es tan fácil hablar con él que me sale solo.  Pongo el plato de tortitas con sirope de chocolate entre ambos y le doy cubiertos. Sin dejar de conversar empezamos a desayunar.
—No te conozco mucho pero sé que hay algo que quieres preguntar y no lo has hecho. Como tú has dicho somos amigos, pregunta lo que sea.
—Está bien, ese tipo de anoche se ha largado muy temprano. ¿Te ha dejado alguna nota o algo?— no esperaba que me preguntase eso, pero sonrío como una adolescente cuando recuerdo lo que ponía en ella.
—Sí, ha sido un caballero. Me ha escrito que hoy volveríamos a vernos pero tal vez lo haya escrito por no quedar tan violento despertar sola— pensar eso hace que se me borre la sonrisa de la cara. ¿Y si no le veo más?
—Oye, sí ha escrito eso es porque tiene intención de volver a verte. Sabes cómo es su cara y podrías golpearle o mandarme a mí a que lo haga. No creo que se arriesgue a eso— vuelvo a sonreír, Mark es un tipo genial.
— ¿Por qué no tienes pareja Mark?— la pregunta escapa de mi boca sin haber pasado antes por mi cerebro. Veo que su semblante se vuelve serio y me arrepiento de haberlo dicho.
—No he buscado pareja… es broma— vuelve a sonreír y yo suspiro aliviada. —Los homosexuales aunque estemos en pleno siglo XXI seguimos estando mal vistos por la sociedad. La mayoría no aceptan que lo son frente a los demás y por supuesto mucho menos tener una relación.
—Ese tema me pone de muy mal humor, lo he vivido de cerca y es horrible— me mira sin saber a qué me refiero.
—No eres lesbiana Adele, a no ser que seas bisexual y ahí sí me dejarías sorprendido.
—No, me gustan los hombres. Pero mi hermano Zac, creo que no le mencioné el otro día. Bueno Zac y yo somos mellizos y él es gay. Nunca ha sido un cobarde así que tampoco escondió su sexualidad y en el instituto eso le costó bastantes dolores de cabeza. Joy y yo siempre hemos estado ahí por él. Por suerte cuando entró a la Universidad eso terminó, es un médico con muy buena reputación. Por eso te entiendo Mark, lo he visto en mi hermano.
—Si es igual de guapo que tú espero que venga a visitarte. Por lo que me acabas de contar, ya me cae bien.
—Zac es más guapo que yo. Nos parecemos en los ojos y en que nos encanta leer pero poco más. Él tiene el pelo más rubio y es un gran conversador, yo prefiero escribir a hablar.
—Dile que venga, no es justo que tú tengas a alguien con quién acostarte y yo no— suelta una carcajada y sé que está bromeando.
—Lo pensaré. ¿Qué tienes pensado hacer hoy?
—Terminar de pintar tu casa, ¿y tú?— no esperaba eso, le voy a deber muchísimo si hace eso por mí.
—Mark déjame que te pague de alguna manera… me siento fatal si haces tantas cosas por mí y yo ninguna por ti.
—Déjame leer lo que hayas escrito de tu nuevo libro y quedamos en paz— eso lo puedo hacer. Confío en él.
—Está bien, hoy escribiré para que tengas algo más que leer. Debo decir que estoy bastante inspirada.
—Seguro por el maratón de sexo de anoche. Eso es lo que necesito  yo para poder empezar con mi trabajo. Aunque tengo a la modelo por supuesto— me mira y yo golpeo su hombro suavemente.
Le dejo con la pintura y me voy al baño, necesito una ducha para reactivarme. Mientras el agua caliente se desliza por mi cuerpo, cierro los ojos y recuerdo las grandes manos que anoche me acariciaron, los labios que anoche me devoraron y al hombre que anoche me poseyó.
Salgo de la ducha y abro el armario, miro por la ventana y como parece que hace un buen día me pongo mis shorts amarillos y una camisa blanca con estampado floral.  Me miro en el espejo y decido dejar mi pelo suelto, si se seca al aire suele quedárseme bastante bien.
Oigo a Mark mover cosas y salgo para ayudarle.
—Yo me encargo de la pintura, tú ponte a escribir que ya va siendo hora de que me enseñes algo— me guiña un ojo y me siento cara al ordenador. Lo enciendo y miro a mi derecha, justo al lado de mis apuntes está la nota que me ha dejado Ethan esta mañana. De repente, las palabras acuden a mi mente y dejo que mis dedos vuelen libres sobre las teclas del portátil. Este hombre consigue inspirarme porque desde que le vi tengo más de cinco capítulos escritos. Cuando Joy se entere de que he borrado la novela para volverla a comenzar le dará un infarto, así que mejor se lo digo cuando esté por terminarla.
Una mano toca mi hombro y me sobresalto, es Mark que me mira expectante.
—Hora de comer—miro el reloj y veo que ya es hora de la comida. Se me ha pasado la mañana volando.
—No me había dado cuenta de la hora, voy a preparar algo.
—Ni te molestes, he pedido comida china, espero que te guste. Te he visto tan concentrada que no he querido molestarte y yo he acabado ahora de pintar.
—Si no fuese por ti moriría de hambre— le doy un beso en la mejilla y guardo todo mi trabajo haciendo una copia de seguridad. Mark me mira fijamente con ambas cejas levantadas, quiere leer lo que tengo.
— ¿Cuándo es tu cumpleaños Adele?— me sorprende su pregunta.
—Pues…— miro el calendario del ordenador y me quedo alucinada. Estamos a nueve de junio, mi cumpleaños es el diecinueve, no me había dado ni cuenta— Es dentro de diez días. Ni yo me acordaba.
—Entonces te regalaré una impresora, así podrás imprimir tu trabajo y yo leerlo cómodamente— me guiña un ojo y le sonrío como una boba. Este hombre es un sol.
Cuando llega la comida china nos ponemos a engullirla sin hablar, realmente no me había dado cuenta que estaba muerta de hambre y a Mark parece que le ha pasado lo mismo.
—Oye, ¿te apetece que veamos alguna película?
—Me parece una idea genial— encendemos la televisión y hacemos zapping hasta que encontramos una película que nos encanta a los dos “Titanic”. Todo un clásico que no me canso de ver y con el que lloro todas las veces.
—Voy a por pañuelos— asiento con la cabeza y los dos nos sumergimos en la historia de Rose y Jack.  Cuando empieza a sonar la canción de la película “My heart will go on” ambos la cantamos a todo pulmón. Por suerte los vecinos no se quejan porque queda confirmado que nunca podremos ir a un local de karaoke.
La película ha terminado y los dos seguimos llorando como unas magdalenas. El timbre de la puerta de abajo suena y ambos nos miramos, no espero a nadie. Me levanto y pregunto por el interfono.
—Adele, diosa y musa. Baja que te espero—la voz sexy del hombre más pasional de la tierra me hace temblar de pies a cabeza. Miro a Mark que me pregunta con la mirada quién demonios ha interrumpido nuestras lágrimas.
—Es él, el chico de anoche. ¿Qué me pongo? Madre mía Mark, no quiero hacerle esperar demasiado— salgo corriendo hacia la habitación y al cabo de unos cinco minutos en los que ya me he desesperado porque no sé qué ponerme, aparece mi amigo por la puerta.
—Adele, así vas bien. Créeme no es lo más conveniente ni un vestido ni una falta. Los shorts esos te quedan de muerte y por lo que he visto, el tipo ha venido en moto—. Me giro y le miro con los ojos abiertos.
— ¿Cómo sabes eso?— me señala la ventana y me acerco para ver. Y ahí está, como todo un Dios. Apoyado en la moto con un casco negro entre las manos y otro en el asiento. Su pelo rubio alborotado por el viento, lleva una camiseta también negra de manga corta que se pega a sus definidos y fuertes bíceps. Creo que he dejado de respirar porque siento que me falta el aire. —Es perfecto, ¿cómo ha podido fijarse en alguien tan normal como yo?– vaya, he dicho eso en voz alta y Mark me mira mal.
—No digas idioteces, eres guapa, lista, graciosa y una profesional. Él es el que debe preguntarse cómo demonios tú te has fijado en él—. Beso a mi amigo en la mejilla y salgo disparada escaleras abajo con cuidado de no caerme y romperme la crisma, no sería elegante aparecer en el portal rodando por las escaleras.
Abro la puerta del portal y salgo pero me quedo parada, hay una chica rubia con unas curvas de infarto hablando con él. Desde donde estoy puedo escuchar perfectamente la conversación.
—Ethan cariño, ¿esta noche estás libre? Hace tiempo que no nos vemos y te extraño— ella acaricia su pecho y una rabia que no sé explicar crece dentro de mí. Quiero gritarle que aparte sus zarpas de él porque es mío, pero en realidad no lo es. Seguro que hasta tiene un club de fans.
Él coge su mano y la aparta de su pecho, no puedo ver el rostro de ella pero supongo que no debe estar sonriendo. Ethan levanta la vista y sus ojos se quedan clavados en los míos, poco a poco veo como las comisuras de sus labios se levantan dedicándome una hermosa sonrisa donde muestra todos sus dientes blancos. Es perfecto en todos los sentidos y yo sin poderlo evitar, le devuelvo la sonrisa.
—Lo siento– le dice a la rubia sin dejar de mirarme a mí—No voy a estar libre ni hoy ni el resto de los días. Tengo una cita con una hermosa chica así que te agradecería que nos dejaras solos.
Él la aparta ligeramente y la rodea para venir hacia mí, ella se vuelve y nos observa con el ceño fruncido. Parece que la señora extensiones no está acostumbrada a recibir un no por respuesta, pues lo siento, este hombre es mío. Le tengo a escasos centímetros de mí y puedo sentir su olor, ese que tanto me gusta y que sigue impregnado en mi almohada.
—Hola— dice suavemente sin dejar de mirarme a los ojos. Siento un estremecimiento en mi entrepierna y un deseo irrefrenable de saltar encima de él y comérmelo a besos. Adele contrólate que estás en medio de la calle.
—Hola— digo con la respiración entrecortada y mis labios ardiendo de deseos por besar los suyos. Con el brazo que tiene libre rodea mi cintura y tira de mí hacia él. Mis pechos quedan aplastados contra su pecho y mi corazón late desbocado, este hombre me hace perder la cabeza.
—Te he extrañado, mucho— sin más y con un solo brazo, me levanta en vilo para acercar mis labios a los suyos, yo ni corta ni perezosa enredo mis manos en su pelo rebelde y profundizo el beso escuchando como los tacones de la rubia se alejan de nosotros. Me he ganado una enemiga pero he marcado mi territorio, como si fuese un perro. Joy se reiría de mí sin duda alguna.
Cuando me deja de nuevo en el suelo nuestras sonrisas son enormes, nunca un hombre había sido tan efusivo conmigo y la pregunta que me hago es ¿dónde ha estado este hombre toda mi vida? Ahora mismo Devon me parece insustancial, menos mal que se arrepintió de casarse porque si no en este preciso momento la que se estaría arrepintiendo sería yo.  
—Yo también te he extrañado, me hubiese gustado despertar a tu lado— cuando digo esto me arrepiento y agacho la mirada con las mejillas encendidas, eso debería haberlo pensado antes. No quiero que piense que le voy a acosar o soy una loca que ya piensa que somos novios o algo así. Siento sus dedos en mi babilla, me obliga a levantar la vista para mirarle a los ojos.
—A mí también me hubiese gustado pero he tenido que ir al aeropuerto. Aunque así tengo una excusa para pasar la noche contigo— levanta las cejas de forma graciosa y yo me rio sin poderlo evitar. Acaricia mi rostro y toma mi mano, entrelazamos nuestros dedos y tira de mí hasta llegar a la enorme moto negra. — ¿Tienes miedo?— me mira interrogante tendiéndome el casco negro que tiene en las manos.
—No lo sé, será la primera vez que subo en una… otra primera vez. Porque no suelo acostarme con desconocidos yo no soy así o bueno al menos la Adele que he sido toda mi vida no es así, madre mía ya me he puesto nerviosa por favor detenme o no voy a cerrar la boca nunca y…— siento sus carnosos labios sobre los míos y me relajo al instante. Esto es mejor que una infusión para los nervios.
—Me gusta saber que te pongo nerviosa, así puedo besarte muy a menudo. Ven vamos, colócate esto. No quiero que te pase nada así que iré a una velocidad normal. Me gusta correr pero pensaré en que llevo detrás a una persona que necesito mantener con vida porque será la que me acompañará el resto de mi vida—guau, creo que he muerto y he ido al cielo. Es lo más bonito que me han dicho y de una manera diferente, no un típico te quiero y eres el amor de mi vida. Ethan es único hasta en las palabras y como escritora que soy, eso para mí es importante. Me ayuda a subir a la moto y luego sube él, se coloca otro casco negro y toma mis manos poniéndolas alrededor de su cintura. Esto me parece estupendo porque le puedo abrazar durante el trayecto, creo que me voy a hacer fan de las motos.
Arranca y de un acelerón nos metemos de lleno en el tráfico de San Francisco, me alegro de que Mark me haya convencido de no cambiarme, sin duda los shorts son cómodos para ir en moto.
Cuando la moto se va deteniendo poco a poco miro a mi alrededor, estamos en el parque donde nos vimos por primera vez. Sonrío para mis adentros y veo como me mira por encima de su hombro. Parece encantado al verme  pegada a su espalda. Me suelto para que pueda bajar, se quita el casco y su pelo rubio es todo un caos, mis manos quieren acariciarle el cabello pero me detengo cuando posas sus manos sobre el casco que llevo puesto. Lentamente y con cuidado de no hacerme daño me lo quita.
— ¿Te ha gustado?— asiento y con la adrenalina que este cacharro le ha dado a mi cuerpo, le cojo del cuello y tiro de él para besarle. Sus manos se posan en mi cintura y me sigue el beso. Cuando nos separamos los dos sonreímos.
Esconde los cascos y sin necesidad de decir nada, nos volvemos a tomar de la mano entrelazando nuestros dedos. Paseamos por los jardines verdes, hay familias, niños jugando, parejas y ancianos. Se respira una paz y una tranquilidad impresionantes aunque esté abarrotado.
—Esto es muy diferente de Londres ¿eh?—le miro enarcando una ceja, ¿cómo sabe de dónde soy?
—Llevo un cartel que ponga que soy de Londres ¿verdad?— hecha la cabeza hacia atrás y una carcajada escapa de sus labios.
—No, pero vi tu cara en uno de tus libros y ahí lo leí. Por cierto, escribes muy bien y eso que el romance no es mi género favorito. Pero quería saber más de ti y a través de tus palabras he podido descubrir cosas.
— ¿Qué tipo de cosas?
—Eres una mujer idealista, cuando crees en algo lo defiendes a capa y espada y eso me gusta. No tienes miedo a arriesgarte, crees en el amor pero no en los príncipes azules. Coincido contigo en que las personas perfectas no existen y creo que tampoco has encontrado al hombre de tu vida.
—Vaya, ni yo misma me habría descrito mejor. Pero esto último que has dicho puede que haya cambiado— su rostro cambia y la sonrisa que tenía se ha borrado de un plumazo.
— ¿Has encontrado al hombre de tu vida?— me pongo de puntillas acercando mis labios a los suyos.
—Puede…— cuando vamos a besarnos siento como unas pequeñas gotas caen encima de mi rostro, levanto la vista hacia el cielo y me doy cuenta de que está encapotado. Miro a Ethan que está mirando también el cielo, luego baja su mirada y la clava en mis ojos, su sonrisa vuelve a aparecer pero esta vez es más pícara.
—Musa, me parece que vamos a tener que correr si no queremos empaparnos por la lluvia. El tiempo es como el temperamento de una mujer, cambia sin previo aviso— golpeo su hombro por eso que ha dicho y él se ríe, sé que lo ha dicho a propósito así que me río con él. Cogidos de la mano empezamos a correr hacia la moto, nos ponemos el casco y él acelera.
La lluvia empieza  a hacerse más intensa, estamos empapados pero sonrientes. Esto es improvisar y disfrutar de lo que nos depara el destino, algo con lo que mi ex nunca contó y que cuando yo le proponía alguna aventura se negaba rotundamente. Al ser abogado tiene una mente bastante cerrada, pero bueno no me importa ahora mismo. ¿A qué se dedicara Ethan? Me doy cuenta de que no sé mucho de él y debería preguntar porque creo que me estoy pillando por él.
Miro hacia delante y veo que hemos entrado en un garaje, Ethan aparca la moto y yo me bajo quitándome el casco. Él hace lo mismo y guarda los dos en la moto.
— ¿Dónde estamos?— digo mirando todo lo que me rodea. Hay algunos coches que deben haber costado un riñón y medio del otro, son todos lujosos y hay otra moto como la de Ethan pero de color amarillo.
—En mi casa, bueno en el garaje de mi casa o bloque de apartamentos. Vivo en el último— me tiende la mano y yo se la tomo encantada, es un buen momento para conocerle y no voy a desaprovechar la oportunidad.
Solamente hay tres pisos y eso llama mi atención, debe conocer a sus vecinos y estos departamentos son el doble que el mío. Abre la puerta de madera oscura y me invita a pasar. Debo admitir que la decoración es moderna y muy acorde con la vivienda. Tiene dos pisos, un enorme sofá blanco en forma de ele, una tele de plasma que ocupa casi toda la pared y un gran ventanal con vistas a todo San Francisco, es luminosa y me encanta.  Siento sus manos en mi cintura y su pecho pegado a mi espalda, los dos estamos empapados.
—Ven, vayamos al baño a secarnos— sin soltarme subimos las escaleras y entramos en una enorme habitación azul claro con muebles blancos y una enorme cama en el centro. Es su habitación sin duda. Hay una puerta blanca que da a un baño acorde con la habitación. Me tiende una toalla y empieza a quitarse la ropa, yo no puedo apartar la vista de su perfecto cuerpo. Reacciona Adele quieres saber cosas de él no violarlo.
— ¿Vives solo?— gracias cerebro, menuda pregunta más estúpida.
—Sí, todo el bloque de apartamentos es mío pero yo vivo solo y es el único con doble planta. ¿Por qué lo preguntas? ¿Te quieres venir a vivir conmigo?— pregunta juguetón. Debe pensar que soy tonta de remate.
—No, solamente quiero conocerte mejor. Nos acostamos y no sé nada de ti aunque tú si sabes cosas de mí.
— ¿Qué quieres saber? Pregunta y te responderé sin problema.
— ¿Tienes pareja? Sé que después de acostarnos esta pregunta como que no viene a cuento pero no quiero meterme en medio de una relación ya sabes…
—No, no tengo y nunca me ha interesado tenerla.  He tenido sexo, mucho sexo con muchas mujeres pero nunca algo serio. Es más, eres la primera mujer a parte de mi tía Cora que pisa mi casa—. Rodea mi cintura con sus fuertes brazos ahora desnudos. —Eres especial para mí pero no puedo decirte porque. Tienes algo que me atrae como un imán y ahora que te tengo no pienso soltarte hasta saber que siento por ti.
Asiento, sus palabras me han dejado un poco bloqueada, al ver que no digo nada me deja sola y me trae algo de ropa, una camiseta suya y un bóxer blanco. Me seco rápidamente y me lo pongo. Bajo las escaleras y le veo en el sofá recogiendo unos papeles, me acerco y veo dibujos, montones de dibujos. Pero uno en concreto llama mi atención, lo cojo y lo miro detenidamente. Me quedo sin aire cuando me doy cuenta de que soy yo.
—Eres dibujante, deberías conocer a mi vecino y amigo Mark. Dibuja muy bien, podríais ser grandes amigos seguro le caerías bien—me mira extrañado, espero no haber dicho nada raro.
— ¿Mark no te ha dicho nada? Él y yo ya nos conocemos, fuimos a la universidad juntos. No se fía de mis intenciones contigo así que supongo que por eso no te lo ha dicho. Gracias a él te encontré en el bar y ese es un favor que le deberé toda la vida.
— ¿Qué? No me lo puedo creer, confío en él y me engaña. Maldito traidor, pero cuando le vea se va a enterar. Ese no sabe con quién se ha metido, soy buena pero no tonta— coge mi camiseta, bueno su camiseta y tira de mí hasta pegarme a su cuerpo.
—Tienes un carácter que nunca hubiese adivinado. Olvídate de Mark y del mundo, pasemos la noche aquí juntos. Déjame demostrarte lo que será despertar a mi lado y tal vez mañana estés atada a la cama para no poder escapar de mí.

—No quiero escapar de ti— nos besamos apasionadamente, sus manos bajan por mi espalda hasta llegar a mis nalgas, las coge ambas con posesión y me levanta sin esfuerzo. Yo enredo mis piernas alrededor de su cintura y siento su erección contra mi sexo que en ese mismo instante se empieza a humedecer. Hace un movimiento de caderas provocando más fricción entre ambos y mi cabeza deja de funcionar en ese preciso momento.
 

Capítulo 4

Ethan Parton
¡Por fin! Al fin la tengo entre mis brazos. Acariciar sus caderas y susurrarle al oído me ha puesto frenético. No creo que pueda detenerme y alejarme, no ahora que incluso a través de la ropa, puedo sentir la calidez de su cuerpo.
Sus pechos están aplastados contra el mío, posa sus manos en mis brazos y las va subiendo hasta mi cuello, toda la gente que nos rodea desaparece cuando sus manos entran en contacto con mi piel. Tira de mí y me besa, nos besamos y me siento en el puto cielo. La aprieto más contra mí y, en este preciso momento, comprendo que no la voy a dejar escapar. Ahora no solo me perseguirán sus hermosos ojos azules, sino que también me perseguirán su dulce aroma y el roce de su suave piel.
Mis labios devoran los suyos, le doy un pequeño mordisco a su carnoso labio inferior y cuando gime aprovecho para invadir su boca con mi lengua. Tira de mi pelo y el que ahora gime, soy yo. Esta mujer me hechiza, me trastorna y me enloquece. Tiene que ser mía, para siempre.
Nos vemos obligados a romper el beso cuando nos quedamos sin aire. Pero no la suelto, eso no entra en mi planes. He tenido que tener mucha paciencia por culpa de Mark, pero ahora ni él me va a detener. Estoy embrujado por esos ojos azules que me miran fijamente, con las pupilas dilatadas por el deseo.
— ¿Nos vamos?—pregunto sin respiración. Asiente y veo que intenta alejarse de mí. No nena, no te voy a soltar.
—Tengo que ir a recoger el bolso—señala una mesa que está a unos metros de la pista, donde nos encontramos ahora mismo. A regañadientes la libero de mi agarre. Mis manos se sienten ansiosas por volver a tocar su piel, aunque solo sea un roce, ahora me va a ser imposible olvidarla porque lo que me hace sentir simplemente con una mirada no lo había hecho nadie.
—Ve rápido, te espero aquí—sin necesidad de decir nada más, ella se aleja rápida como una bala. Veo a Mark en la barra desde donde me observa fijamente, le sonrío triunfante pero su rostro se ensombrece. Dejo de prestarle atención cuando Adele vuelve a estar delante de mí. La cojo de la mano y tiro de ella hacia mí, haciendo que se golpee contra mi pecho y adueñándome de su boca de nuevo. La devoro como si mi vida dependiera de ello y en realidad, mi jodido buen juicio sí depende de ella.
—Vamos— sin soltarla nos dirijo a ambos hacia la salida. Cojo la chaqueta cuando pasamos por la silla donde la he dejado antes. Soy consciente de las miradas y del repaso que me dan las mujeres al pasar por su lado, pero las ignoro. Hoy solamente existe esta chica que me ha quitado el sueño durante los últimos días. Adele está grabada en mi mente a fuego, necesito saber si lo que siento por ella es pura y ardiente obsesión o… algo más.
Cuando salimos, la dirijo hacia el coche. Pero ella se detiene, espero que no se haya arrepentido o deberé recordarle lo que sentimos con el simple roce de nuestros labios, sé que ella también lo siente porque he visto el deseo en sus ojos.
— ¿Qué ocurre?— le pregunto suavemente. Ella me mira a los ojos y veo algo en los suyos que no sabría definir.
—Mi casa está ahí— señala el bloque de apartamentos donde vive Mark. Sonrío y acaricio su rostro, con una delicadeza que no sabía que poseía, recojo un mechón de su cabello que le cubre ligeramente el rostro y se lo pongo detrás de la oreja.
—Te sigo— me vuelve a tomar de la mano y tira de mí.
 Abre el portal y entramos en el ascensor. La excitación es palpable. La anhelo, la deseo y la tengo al alcance de la mano. La miro y ella también me está mirando. Ambos nos lanzamos a por el otro sin más, la aprieto contra la pared del ascensor y volvemos a besarnos como dos locos sedientos. Enreda sus manos en mi pelo, cojo su muslo y lo levanto hasta enredarlo en mi cintura. Nuestros sexos se rozan y ambos gemimos, el deseo crece y ambos estamos a punto de arder, pero entonces el ascensor se detiene. La cojo de la cintura y la levanto, ella enreda sus piernas a mí alrededor. Salimos y la estampo contra la puerta sin dejar de besarla.
El ruido de las llaves cuando le caen al suelo me hace separarme un poco de ella, la dejo suavemente en el suelo y espero a que abra la puerta. Cuando lo hace, la giro para quedar cara a cara de nuevo, me apodero de sus labios y cierro la puerta de una patada. En un giro rápido ella queda contra la pared, con mis manos recorro sus muslos y ella los eleva, volviendo a quedar enredada en mí. Hago un movimiento para rozar su sexo con el mío, eso la enloquece y me muerde el labio. Eso es lo que necesitaba para no poder refrenarme, empiezo a subir mis manos por dentro de su camisa hasta alcanzar sus pechos, cubiertos por la fina tela del sujetador. Ella me aprieta más contra ella, besándome desesperadamente. Deslizo mis manos y cojo sus nalgas, tiene un culo perfecto. Ella empieza a moverse provocándome y excitándome más con el roce de todo su cuerpo. No puedo esperar más, le quito la camisa de un tirón dejando a la vista su ropa interior. Es de color azul eléctrico y hace que sus ojos parezcan más profundos. Acaricio la piel que sobresale por encima de la copa del sujetador, es suave y delicada. Me acerco y le beso los pechos, ella hecha la cabeza hacia atrás y gime. Coge el bajo de mi caseta y tira de ella, me la quita y la lanza a algún lugar del salón. Rozo su cintura con mis dedos y desabrocho su pantalón. Ella coge la cintura del mío y tira acercándome a ella más. Nuestros pechos desnudos se tocan por primera vez y la sensación es casi indescriptible. Nos besamos, nos devoramos y nos provocamos. No voy a soportarlo mucho más tiempo y por sus besos sé que ella tampoco. Necesito estar dentro de ella, besarla y saborearla entera. Adorarla y empaparme de esta mujer que me va a enloquecer.
—Habitación— digo sin aliento. Ella me señala la habitación con la cabeza. La tomo entre mis brazos y nos dirijo rápidamente allí. Veo una enorme pared con un paisaje de Londres pintado, esto tiene la firma de Mark. Si no supiera que es gay me preocuparía. Acaricia mi cabello y la beso, abro la puerta con una mano y la lanzo a la cama provocando que grite de excitación. Tiro de sus pantalones y los dejo caer al suelo. La observo acostada en la cama, solamente cubierta por la ropa interior. Es la mujer más hermosa que he visto en mi vida, mi musa. Me acerco a ella como una pantera a punto de atacar a su presa, sin duda es una presa de lo más apetecible y a la que quiero hincarle el diente.
Nos miramos a los ojos, la oscuridad nos envuelve y la habitación parece que esté en llamas por la pasión. Adele se muerde el labio inferior y mi entrepierna siente una sacudida. Es la mujer más sensual que he conocido en mi vida.
— ¡Bésame!— su voz tiembla por la excitación. Me inclino sobre ella, sujetando mi peso con las manos que tengo a ambos lados de su rostro.
—Encantado—la beso con deseo y pasión, no solo mi entrepierna ha aumentado cuando me rodea la cintura con sus muslos, mi corazón también late acelerado.
Siento sus manos tirando de mis vaqueros, se las cojo y las enredo en mi pelo. Dejo sus labios y voy repartiendo suaves besos por su mejilla hasta llegar a su garganta. Sigo comiéndomela a besos y le muerdo el lóbulo de la oreja. Gime y yo siento que voy a entrar en el cielo.
—Quiero saborearte, me muero por comerte y sentirte. Eres mi musa, una diosa— su respiración es entrecortada.
—Hazlo, te necesito dentro de mí—ahora es mi respiración la que está entrecortada.
Le muerdo el cuello y mis manos se apoderan de sus pechos, los acaricio y aprieto a mi antojo mientras con movimientos certeros rozo nuestros sexos, que están separados por sus braguitas y mis pantalones.
— ¡Dios!— grita Adele cuando me deshago del sujetador.
—No nena, aquí la diosa eres tú— sus ojos brillan y se ruboriza ligeramente, ¿Por el piropo? No sé, pero se lo deben haber dicho mucho.
Deslizo mi  lengua entre sus pechos y le doy un mordisco en el ombligo, grita por la sorpresa porque cuando levanto la vista me está mirando con una enorme sonrisa. Cojo la goma de sus braguitas con los dientes. Intenta detenerme pero la detengo, sujeto sus manos y de un tirón me deshago de la única prenda que le quedaba.
—No— su voz apenas es audible, no parece una orden. Rozo con la punta de mis dedos su sexo, está húmeda y preparada para recibirme.
Me deshago de mis pantalones y ella mira el hinchado bulto de mi erección, detrás del bóxer azul que llevo. Sonrío pensando que llevamos la ropa interior del mismo color.
Aparto ese pensamiento y la miro, quiero poseerla pero también quiero trazar cada una de sus curvas en un papel, poder soñar que será mía para siempre.
Acaricio sus tobillos y subo las manos hasta sus muslos, los separo y paseo mi lengua por su sexo. Gime, esta vez más alto y yo, dejo que mi lengua juegue con su clítoris.
—Dios, ¡detente!— está a punto de correrse, no me detengo y ella explota en un orgasmo impresionante. Beso sus labios compartiendo su sabor.
—Mmmm… eres deliciosa por fuera y por dentro— susurro contra sus labios. Ahora es ella la que invade mi boca con su lengua. Cuando necesitamos aire nos separamos, ambos sonreímos. Me deshago del bóxer y tomo un preservativo del bolsillo de mi vaquero, cuando voy a ponérmelo, sus manos toman mi erección y la miro.
—Ahora es mi turno—estoy a punto de negarme porque quiero sentir su calidez pero, ella es más rápida que yo y se mete mi pene en la boca. Gimo y me muerdo el labio, ella me mira satisfecha y la escena que tengo delante de mis ojos es la más sexy y excitante que he visto en mi vida.
—Para, me voy a correr y quiero sentirte, quiero estar dentro de ti cuando eso pase— le acaricio el pelo y tomo su rostro entre mis manos para detenerla. La empujo hasta acostarla y, sin romper el contacto de nuestros ojos, deslizo el condón por mi duro pene.
 Me acomodo entre sus piernas y la penetro. La beso y me bebo el gemido que ha salido por su boca. Paro y dejo que se acomode a mi pene. La miro a los ojos y nos besamos más suavemente, empiezo a moverme despacio, esto es el paraíso, no quiero salir de su interior nunca.
—Más rápido, por favor— ante su súplica no puedo hacer otra cosa, acelero el ritmo de las estocadas. Cierro los ojos de puro placer pero entones, siento sus manos en mi rostro, me está mirando.
—Mírame, quiero recordar este momento y tus ojos que me han perseguido—sus palabras me avivan y levanto sus muslos para coger profundidad. Grita y yo me uno a sus gritos cuando me araña la espalda ligeramente.
Pone sus manos en mi pecho y me empuja, yo me dejo caer a su lado sin salir de su interior. Es ella la que está encima de mí, con mi pene dentro de su vagina. No puedo apartar la vista de nuestra conexión hasta que Adele empieza a moverse. Nos miramos a los ojos y sonrío tomándola por las caderas e incitándola a cabalgarme más rápido.
—Dámelo todo, quiero verte disfrutar y grabarlo en mi mente— me sonríe y acelera al mismo tiempo que sus uñas recorren mi pecho y abdomen. Gimo fuerte, estoy a punto de alcanzar el orgasmo. Empujo mis caderas hacia arriba y siento como se contrae a mi alrededor, ella también está cerca.
Me siento quedando los dos cara a cara y totalmente pegados. Nos devoramos con la mirada y nos comemos a besos moviéndonos rápido y, al mismo tiempo los dos estallamos en un orgasmo demoledor. Nos besamos y acaricio su pelo, apoya su frente en mi hombro y sé que sonríe. Reparto besos por su cuello y siento sus labios en el mío.
—Dime tu nombre— susurra con los labios pegados a mi cuello.
—Ethan— beso su hombro y ella suelta una risita.
—Adele— dice mirándome a los ojos.
—Adele, es el nombre de mi musa y, ahora es la diosa a la que adoro— nos volvemos a besar dejándonos llevar por el momento y los misterios de la noche.
***
Algo suave y que huele de maravilla me hace cosquillas en el rostro. Abro los ojos un poco y veo el cabello castaño de Adele esparcido sobre mi pecho, ella descansa tranquilamente sobre mi corazón. Beso su cabeza y en lugar de querer largarme como hago normalmente, deseo quedarme para verla despertar. Paso mi mano suavemente por su espalda desnuda, es hermosa. Me dejo llevar por mis pensamientos pero el sonido del maldito teléfono me devuelve de golpe a la realidad. Lo veo tirado al lado de la cama, intentando no hacer mucho movimiento para no despertarla, lo cojo. Es mi primo Nolan, ¿qué querrá?
— ¿Qué sucede Nolan?— susurro para no despertar a Adele que se remueve pero no abre los ojos. Sonrío como un completo idiota mientras la miro embobado.
— ¿Por qué susurras? No me lo digas, estás con una mujer. Aunque seguramente ya te estés vistiendo para desaparecer antes de que se despierte—suelta  una carcajada y siento ganas de golpearle. No estoy con una mujer, bueno literalmente sí, pero esto y con ella, con Adele. No es como las demás aunque no sé qué es lo que la hace diferente. Después de tenerla no estoy saciado de ella, quiero más, muchísimo más.
—Eso no te importa, ¿Qué ocurre? Me has llamado muy temprano— ahora sueno irritado y la verdad es que lo estoy. Maldito Nolan siempre aparece en el momento menos oportuno.
—Estoy en el aeropuerto, ¿vienes a por mí? Tengo grandes noticias para ti y la nueva línea de joyas de topacio azul.
—No esperaba que regresaras tan pronto—maldición, voy a tener que ir a por él.
— ¿Vienes ya o qué?— se está riendo de mí a base de bien.
—Ahora voy. Esta vez me has fastidiado el plan pero bien. Ya te contaré— cuelgo y me levanto muy despacio. La dejo tumbada boca abajo en la cama y la cubro con la sábana.  Algo en mi pecho bombea rápidamente, sin duda mi corazón ha despertado desde que sus ojos y sus manos se posaron en mí. Toco mi pecho con la palma de la mano, mi cuerpo huele a ella y por primera vez, esa sensación me gusta.
Voy buscando mi ropa que está tirada por toda la habitación y cuando estoy completamente vestido, cojo papel y boli que tiene en una mesa cerca del ventanal, en el salón. Allí está su portátil y varias cosas escritas a mano, su lugar de trabajo sin duda. Le dejo una nota, compruebo que sigue dormida y sintiéndome culpable me marcho. Cierro la puerta de su casa despacio pero me sobresalto al ver a Mark en la puerta de la suya.
—Joder Mark, que susto— digo aceleradamente. Pulso el botón de llamada del ascensor y espero bajo la atenta mirada de mi amigo.
—Eres un jodido cabrón Ethan, si llego a saber que solo querías conocerla para hacerle lo que les haces a todas jamás la hubiera llevado de copas anoche. Ella merece algo mejor que tú—escuchar esas palabras hacen que la rabia se apodere de mí y me cabree muchísimo. Cojo a Mark por el cuello de la camiseta y lo estampo contra la puerta de su casa.
—No hables de lo que no sabes Mark. Ella no es como las demás, le he dejado una nota y pienso venir esta noche para hablar con ella. No solamente la quiero para follar.
—Pero te la has follado y ahora te largas como un ladrón, eso no es lo más correcto ¿no crees?
—Nolan acaba de regresar y tengo que ir al jodido aeropuerto a por él. Yo tampoco estoy muy contento de dejarla despertar sola. Eres mi amigo y te valoro mucho, pero no te metas en esto—le advierto mientras le suelto para entrar en el ascensor.
—Ethan, también soy su amigo y créeme, ella no merece que jueguen con sus sentimientos ni con ella. No le hagas daño o te partiré la cara—jamás había visto a Mark así. Hay algo en sus palabras que me ha puesto alerta, tal vez alguien le ha hecho daño a Adele. Eso explicaría porque está tan lejos de su hogar.
—No se lo haré, al menos intencionalmente. Para mí no es solo un revolcón, es la persona que ha despertado mi corazón duro como un diamante. Nos vemos, le he dejado una nota—. Se cierran las puertas del ascensor y respiro hondo. Tengo que calmarme antes de coger el coche, no es bueno conducir alterado. Alejo esos pensamientos de mi cabeza y entro al coche. Lanzo una última mirada a la ventana de Adele y respiro hondo. Su aroma me envuelve y eso me devuelve el buen humor. Tengo que contarle esto a Nolan y empezar a dibujar, tengo muchísimos diseños en mi cabeza. Sin duda, esta mujer es mi musa.
Llego al aeropuerto en un tiempo record, a estas horas de la mañana no hay tráfico. De inmediato veo a Nolan tomando un café, me siento con él y pido otro.
—Cuéntame, ¿qué tal el viaje por Londres?— pregunto interesado. Él me mira y enarca una ceja.
— ¿Qué te ha pasado?
—No sé porque me preguntas eso, no me ha pasado nada.
—No me engañas, algo bueno te ha debido de pasar porque tienes una enorme sonrisa de imbécil en el rostro que no tenías cuando me fui— no se le escapa una, por eso es mi mano derecha.
—He encontrado a mi musa, pero ya te contaré. ¿Me has traído todo lo que te pedí?—asiente y sonríe satisfecho de sí mismo.
—Por supuesto, me he tenido que pelear por varias cosas, como una corona de diamantes y topacio azul. Pero al final lo he conseguido y todavía no estamos en números rojos—los dos nos reímos y él me cuenta cómo ha ido el viaje. Pero sé que hay algo que no me está contando.
Subimos al coche y nos dirigimos hacia el bloque de apartamentos.  La tía Cora no sabe que su hijo ha vuelto, así que se llevará una grata sorpresa. Y nosotros tomaremos un buen almuerzo, es una cocinera increíble.
—Bueno, cuéntame lo que te has guardado para ti mismo de ese viaje. No me engañas, algo te ha pasado porque también tienes una sonrisa bastante idiota— me mira y los dos estallamos en carcajadas.
—Nos conocemos demasiado, eso da asco Ethan. Te lo voy a contar porque eres mi mejor amigo. Conocí a una chica, bueno ella salía de una cafetería con su café en la mano y yo entraba mirando el móvil. Chocamos y le tiré todo el café por encima. Imagínatelo, café recién hecho encima de blusa blanca, fue todo un espectáculo. Le pedí disculpas pero menuda fiera era esa mujer, empezó a decirme cosas, muy enfadada y yo simplemente la besé.
— ¿La besaste? ¿Cómo sigue la historia?
—Me giró la cara de un guantazo. Y yo, la volví a besar. Luego me tiró el poco café que le quedaba y se largó. Intenté seguirla pero desapareció. Te juro Ethan que no la he podido sacar de mi cabeza, ese carácter me vuelve loco. Pero dudo que algún día la vuelva a ver, eso sería demasiada coincidencia y no creo en las casualidades. Tu turno.
— ¿De qué?— intento hacerme el loco pero no va a servir de nada.
—Tu musa, ¿estabas con ella cuando te he llamado?
—Sí, desde que la vi no he podido sacarme de la cabeza sus hermosos ojos azules, de ahí el nombre de la nueva colección. La busqué pero no la encontré, hasta que por casualidades de la vida, resulta que Mark es su vecino. Le dije que me llevara con ella de inmediato pero me hizo esperar el muy… pero anoche prácticamente lo obligué a juntarme con ella. Necesitaba tenerla cerca, me estaba obsesionando.
— ¿Ahora tema olvidado?
—Ni por asomo Nolan, ahora quiero estar cerca de ella más que nunca. Quiero tenerla, conocerla, saber qué piensa, qué siente. Todo. —Nolan sonríe y me mira con es cara de suficiencia que suele poner cuando sabe algo que el resto no sabemos.
—Creo que te estás enamorando.
— ¿Qué? Te has vuelto loco— digo intentando quitarle importancia. Pero, tal vez no sea tan descabellado. Al fin y al cabo nunca he sentido lo que siento por ella y tampoco he sentido lo que es el amor.
—No la dejes escapar o te arrepentirás y preséntamela pronto primo.
Llegamos a casa de tía Cora, entramos sorprendiéndola y disfrutamos de una mañana en familia, porque ellos son la única que tengo.
— ¿Te vas Ethan?— la tía Cora me mira fijamente cuando cojo mis cosas.
—Sí, tengo trabajo que hacer. Así también dejamos que Nolan descanse—mi primo se ha quedado completamente dormido en el sofá de casa de su madre. Ella nos quiere a ambos por igual pero, un hijo es un hijo. Ojalá mi madre siguiese viva, la recuerdo muy bien. Tenía mis ojos y el mismo color de cabello que yo, era muy guapa.
Beso a mi tía y subo a mi casa, siento que me falta algo y su imagen me viene a la cabeza. Su hermoso rostro, sus ojos azules mirándome fijamente, sus labios en mi cuello y cómo pronunció su nombre.  Lanzo la chaqueta sobre el sillón y cojo papel y lápiz. Empiezo a hacer trazos, luego le aplico color y ahí la tengo. Su cuerpo tumbado boca abajo en la cama, su pelo esparcido por la almohada, sus labios entreabiertos y su espalda desnuda. Es la visión más gloriosa y celestial del mundo.
Cuando tengo toda la mesa llena de nuevos diseños y muchísimas ideas, miro el reloj de mi muñeca. Son las cinco de la tarde, se me ha pasado todo el día y ni siquiera he comido. Un pensamiento aparece en mi mente de repente, ¿qué habrá pensado ella al despertarse sin mí? Le he dejado una nota pero puede no haberla visto, debo verla. Necesito verla.
Voy a la habitación y me cambio de ropa, tal vez le apetezca salir a dar una vuelta. Sin duda espero que acepte mi ofrecimiento o me volveré loco. Anhelo su aroma como el aire que respiro, decido dejar el coche y coger la moto. Cojo el casco negro y salgo de casa topándome con Nolan.
— ¿Dónde vas?

—A conseguir una cita— me despido de él con un movimiento de cabeza y una sonrisa en el rostro. ¿Qué me estás haciendo Adele Davis?

Capítulo 3

Adele Davis
“Su mirada azulada me atraviesa. Siento que puede ver lo que guardo en mi interior. Con este hombre, mis más oscuros secretos no están a salvo. Eso me inquieta y me excita a partes iguales…”
Vuelvo a releer el párrafo que acabo de escribir, no puedo apartar de mi mente la imagen de ese hombre, sus ojos azules y su cabello castaño claro se han quedado grabados en mi mente.
Aunque seguramente sea un Dios enviado a la tierra para embriagarme con su belleza y su perfección… Déjalo Adele, vuelves a estar divagando, me riño a mí misma.
Dejo los papeles y el boli en el suelo y me sumerjo en la bañera llena de espuma, intentando aclarar mi mente y alejar a ese Adonis de mi cabeza.
El sonido del móvil me devuelve de golpe a la realidad, salgo rápidamente envolviéndome en el suave albornoz blanco, cortesía del hotel. Miro la pantalla iluminada y veo que es mi amiga Joy.
—Hola chica sexy, ¿qué tal todo por casa?— digo sentándome en el mullido sillón y cogiendo una chocolatina que me han regalado en recepción. Mmm, está deliciosa.
—Vaya, veo que el cambio de clima te ha venido de perlas. Hace tiempo que no te escuchaba tan animada Adele Davis. Por aquí todo bien, te he llamado por dos razones. La primera que tu hermano no para de darme la brasa para saber si estás bien porque no has respondido a sus llamadas y mensajes— es verdad, me siento mal por eso. Mi pobre hermano, he olvidado el móvil en el hotel cuando he salido y luego no lo he mirado hasta ahora.
—Pobre Zac, luego le llamo. ¿Y cuál es la segunda razón de tu llamada?— pregunto realmente curiosa.
—He podido localizar al amigo ese del que te hablé, el que conocí en un curso aquí en Londres.  He trabajado con él en algunas ocasiones, es artista bueno dibujante. Tal vez si le caes bien puede hacerte la portada de la nueva novela…
—Te estás desviando del tema Joy, ¿Qué pasa con tu amigo?— no quiero que me pregunte sobre la novela porque todo lo que ella ha leído se ha ido a la basura. He empezado de cero a causa del chico de ojos azules.
—Lo siento, sabes que me emociono con lo que escribes y me muero por leerlo. Bueno lo que quería decirte es que Mark te ha conseguido un piso donde vas a estar más tranquila, vas a ahorrar más dinero y podrás hacer lo que te dé la gana. Sé que querías libertad, pues ahí la tienes—me emociono como una cría. Nunca he vivido en un piso sola, compartí habitación con mi amiga en la facultad y luego iba a casarme y a vivir con él. Ni si quiere había pensado en el en todo este tiempo, sin duda no pronunciar el sí quiero fue lo mejor que me pudo pasar en la vida.
—Gracias Joy, te lo agradezco muchísimo de verdad. ¿Cuándo conoceré a tu amigo Mark?— pregunto hablando demasiado rápido. Sabe que estoy emocionada.
—Pues mañana por la mañana estará en la cafetería de tu hotel esperándote. Como no conoces la ciudad él se ha ofrecido a ir allí. Te encantará de verdad, es un amor de persona y un chico muy guapo— dice con voz de pillina. Lo que me faltaba, que me buscara ligue.
—Si estás intentando que quiera empezar un romance con él debo advertirte que no estoy interesada en los hombres de momento. Prefiero disfrutar de mi libertad tanto como dure—Joy suelta una enorme carcajada.
—Nena, no ligarías con él ni en un millón de años— eso me enfurruña. No creo ser tan fea para eso, tal vez él es un Dios griego o algo por el estilo. Sin poderlo evitar, el hombre del parque aparece en mi mente. Basta Adele.
— ¿Tan fea soy? O ¿es demasiado guapo para mí?— mi tono es bastante más duro de lo que pretendía.
—Tú eres preciosa y los tíos se pelearán por ti y él es perfecto, pero es gay Adele. Por eso confío en que te cuidará perfectamente y no intentará nada— ahora la que suelta una carcajada soy yo. ¿Gay? De todo lo que pensaba que me podría decir, eso no estaba en mi cabeza. Como siempre me ha dejado sin palabras.
—Vale, dejemos el tema. ¿Cómo le reconoceré?
—Fácil, chico moreno, pelo por los hombros más o menos, ojos castaños pero penetrantes, vestido con estilo y llamará la atención de todas. No parece Gay para nada—ambas estallamos en una sonora carcajada. Charlamos un poco más y me informa que vendrá a verme pero aún no sabe cuándo, eso me pone de muy buen humor. Me encanta su compañía.
Pido algo para cenar y luego me meto en la cama muy emocionada con el cambio que está dando mi vida, sin duda esta nueva aventura marcará un antes y un después.

Escucho el canto de los pájaros y el sol que entra por la ventana ilumina la habitación. Me levanto rápidamente, me visto y decido dejar mi cabello suelto. Al haberlo cortado un poco tampoco puedo hacer muchas cosas con él.  Cojo mi móvil y la tarjeta de la habitación. Cojo el ascensor y voy directamente a la cafetería del hotel, nada más cruzar la puerta sé quién es Mark. Físicamente es como lo describió Joy, pero llama la atención sus pantalones blancos y su camisa de un tono entre el azul y el gris. Debo reconocer que sí es muy atractivo. Me acerco a la mesa y él levanta su mirada clavando sus ojos marrones en mí. Me sonríe y le devuelvo la sonrisa.
—Supongo que debes ser Adele, la amiga de Joy— asiento pero me paro cuando veo el libro que tiene entre las manos. Es mi anterior libro, no me lo puedo creer, hasta aquí han llegado.
—Y tú debes ser Mark— me siento y de repente veo que mira al libro y luego a mí.
—No me jodas, no puedes ser Adele Davis ¿o sí?
—Sí soy esa Adele. Espero te guste el libro y no me pegues sino lo hace—ambos intentamos reprimir la risa pero fracasamos estrepitosamente. La gente nos mira pero no dice nada. Finalmente los dos dejamos de reír y nos tomamos un café mientras charlamos.
— ¿Me firmarías el libro? No quiero parecer un fan pesado ni nada por el estilo.
—Tranquilo, dame— cojo el libro y le pongo una dedicatoria bastante especial. Este chico me cae bien al instante y sé que será mi nuevo amigo en San Francisco, un lugar nuevo y desconocido para mí.
—Gracias, bueno luego de desayunar podemos ir a ver el apartamento. Es acogedor, necesita unos cuantos muebles pero te puedo ayudar a conseguirlos. Seremos vecinos además, espero que eso no te moleste— niego con la cabeza y le sonrío abiertamente.
—Así al menos tendré un amigo cerca, ¿vamos a ver mi nueva casa?— no puedo esconder mi entusiasmo y él parece también estar contento con ser mi vecino. Mark y yo nos vamos a llevar muy bien, de eso no me cabe la menor duda.
Llegamos a un barrio muy lleno de vida, realmente San Francisco es alucinante, no tiene nada que ver con Londres. Entramos a un bloque de edificios hecho de piedra, o al menos es la impresión que da. El ascensor está nuevo y nos cruzamos con una mujer y su perrito. La mujer mayor nos saluda y le da un beso a Mark, le conoce.
—Es la señora del primero, es muy amable. Pero ya la conocerás— subimos hasta el último piso, el 4º. No es un edificio alto pero sí bastante amplio. —El 4º A es el mío y el B es el tuyo—. Me tiende la llave y abro la puerta de mi nueva casa, esto es realmente emocionante. Siento que el corazón se me va a salir del pecho en cualquier momento. Unos grandes ventanales dan luz al salón, hay dos habitaciones, un baño y la cocina conecta con el comedor aunque les separa una barra muy moderna. Sin duda, nada que ver con Londres. Me acerco al ventanal y veo la calle y la playa. Es genial.
—Me encanta, espero poder comprar los muebles básicos y que me siga sobrando dinero para poder pintar esto— miro a Mark que observa con cara de fastidio la pintura de las paredes. Necesita un repaso urgente.
—Yo me encargo de la pintura, no te preocupes por nada de eso. Si no lo hago no podré venir a verte tranquilo. Hagamos una cosa, tú vas a la tienda de baratijas que hay en la esquina. Los muebles están nuevos y no creo que te importe que sean de segunda mano. Los míos son de allí, llamaré al dueño para que dé la luz y el agua y me pondré a pintar este… piso. — su cara de asco cuando toca las paredes me hace reír, se nota que la pintura es lo suyo.
—Debo comprar la pintura primero— me interrumpe antes de que pueda seguir.
—Somos amigos ¿no? Pues deja que te regale la pintura y la mano de obra— me guiña un ojo y me hecha de mi propia casa. No me enfado y voy rápidamente a la tienda que me ha indicado, espero poder mudarme lo más pronto posible.
Me he pasado toda la mañana en la tienda, pero por fin tengo todo lo básico. Una mesa, unas sillas, una cama, un sofá, una lámpara, algo para cocinar y regalo de la casa, una estantería donde guardar todos mis libros. El propietario ha sido muy amable y atento, me he llevado verdaderas gangas y cuando se ha enterado, gracias a su esposa de que soy escritora me ha regalado la estantería y ha mandado a su sobrino a traerme todos los muebles en un pequeño camión. Espero que a Mark no le importe ayudarme un poco más. Le digo al chico que deje los muebles en la entrada, subo con un par de sillas en el ascensor y entro en mi piso que tiene la puerta abierta de par en par. El olor a pintura inunda mis fosas nasales. Entro y veo a Mark mirando la pared que queda justo al lado del ventanal donde puedo ver San Francisco.  Me acerco para mirar curiosa que habrá pintado, porque sin duda algo ha pintado. Lleva un mono de trabajo muy sucio pero eso no le resta atractivo. Me mira y sonríe satisfecho con su trabajo. Miro la pared y me quedo con la boca abierta, ha hecho un cuadro ocupando toda la pared, un cuadro de Londres. Casi siento como la niebla entra en la habitación travesando la pared. Es un verdadero genio, mis ojos se llenan de  lágrimas al pensar en mi familia.
—Así sentirás que estás más cerca de ellos— sin importarme lo sucio que está, abrazo a mi nuevo amigo reprimiendo las ganas de llorar. Gracias al cielo que hay personas buenas que están entrando en mi vida.
—Muchas gracias Mark, no sabes lo que esto significa para mí— me da suaves golpecitos en la espalda y le suelto. Pero no puedo dejar de sonreír. Escuchamos a la mujer del primero gritar, ¡los muebles! Me había olvidado de ellos por completo. — ¿Me ayudas? He dejado todos los muebles bajo.
—Vamos, si no fuese por mí estarías perdida. Agradece que te estoy cogiendo mucho cariño y que somos amigos—. Y sin más demora empezamos a subir los muebles.
Mark ha bajado al restaurante italiano que hay cerca mientras yo termino de limpiar esto un poco. Le ha dado tiempo a pintar el salón, mañana pasaré el día pintando el resto de la casa. Estoy tan contenta, por fin tengo mi propia casa.
—Ya estoy aquí, con una cena italiana riquísima. Siento no haber podido pintar más.
— ¿Bromeas? Has hecho muchísimo por mí, el cuadro de la pared es increíble. 
—Mañana no puedo ayudarte, he quedado con un amigo aunque seguramente se convierta en una reunión de trabajo—sonríe y parece que le sepa mal no poderme ayudar. Ha hecho por mí más que cualquier otra persona solamente con un día de conocernos.
—No te preocupes, no tengo nada que hacer así que mañana pintaré yo el resto.
—Háblame de ti, Joy no me ha dado mucha información. Sé que trabajáis juntas y que según ella necesitabas un cambio de clima para inspirarte. Uno no se va casi a la otra punta del mundo solamente para buscar inspiración dejando a su familia y todo lo que conoce. ¿Quieres hablar de ello?— vaya, tiene olfato la verdad. Si quiero que esto sea una amistad duradera, y sin duda es lo que quiero, debo contarle mi vida.
—Bueno, estuve a punto de casarme. Pero él quería que renunciase a todo por lo que tanto he trabajado y yo no estaba dispuesta. Le conozco desde hace mucho tiempo y creí que era el hombre de mi vida. Me dejó plantada minutos antes de la ceremonia con una simple nota. Pero no me siento mal ni nada por el estilo, siento que me oprimía y no me dejaba vivir mi vida. Por eso tomé este cambio como algo positivo. Un nuevo destino, una nueva Adele sin perder mi esencia por supuesto— me mira estupefacto.
—Ese tío debía ser un verdadero gilipollas, no puede dejarnos sin una maravillosa escritora, le hubiésemos matado tus fans. No lo tomes a mal pero me alegro de que no te casaras.
—Yo también, y tú, ¿algo que contar?— pregunto curiosa mientras cojo una porción de pizza, está buenísima.
—Poca cosa, mis padres viven en Australia, no hablo con ellos desde los dieciocho años cuando les dije que soy gay. Vine a San Francisco a estudiar a la Universidad con una beca que conseguí y aquí he hecho mi vida.
Me quedo sobrecogida por su dura historia, ha tenido que sobrevivir solo muchos años. Nos despedimos temprano porque tiene que madrugar, decido ir rápidamente a coger la maleta del hotel y dar por finalizada mi estancia allí. He conseguido una cama de lo más acogedora y ya quiero estar en mi casa.
Salgo del hotel casi escopetada hacia el taxi que me espera con la maleta en el interior. Me había dejado el boli de la suerte y no puedo escribir una buena escena sin él. Cuando se termine tendré que sustituirlo pero de momento no pienso en eso. Me pongo el pijama, miro por última vez San Francisco iluminado por las luces de neón. Impresionante, al igual que Londres. El mural de mi pared me lo recuerda. Mañana llamaré a mi hermano Zac o se presentará aquí expresamente para matarme. Me acuesto y sueño con ojos azules y dioses que me tocan con sus fuertes manos, su belleza me enloquece y los labios de ese hombre rozan los míos catapultándome hacia el olimpo de los sueños.

***
—Esta noche tenemos que salir de fiesta—Mark ha venido esta mañana muy contento de su reunión. Parece que tiene un buen proyecto entre manos.
—No me apetece demasiado, estoy cansada Mark.
—Venga, tenemos que celebrar que oficialmente ya somos vecinos— me mira con cara de pena y no se lo puedo negar. Salir me hará bien, debo conocer la noche de San Francisco.
—Está bien, pero solo tomaremos algo y regresaremos.
—Vale, ¿te puedo pedir un favor?— vaya cambio de rumbo en la conversación.
—Claro, ¿qué pasa?— realmente tengo curiosidad.
—Para el trabajo que me han mandado necesito unos ojos azules y los tuyos Adele son muy bonitos. ¿Podrías posar para mí? Nada desnudo ni fuera de lo  normal. Tu rostro no saldrá en la pintura, lo prometo— ¿modelo? Eso nunca se me había ocurrido, pero parece que me necesita de verdad.
—Con una condición— me mira y me hace un gesto con las manos para que prosiga, tomo aire y me dispongo a soltar lo que se me acaba de ocurrir—Que hagas la portada de mi próximo libro.
—Eso está hecho encanto, yo me sentiré muy afortunado. Me voy a casa a arreglarme. Nos vemos en quince minutos— se va a su casa dejando tanto la puerta de la mía como la de la suya abierta. Le escucho hablarme desde aquí y el sonido de su móvil avisa que ha entrado un mensaje.
—Tienes un mensaje Mark— le grito para que me oiga. Asoma la cabeza por la puerta de su casa sin camisa. Es normal que todas se mueran por él.
— ¿De quién es? Eres mi amiga, léemelo— me encanta esta confianza que tiene en mí.  Es transparente y no tiene nada que esconder, eso me agrada.
—Es de un tal “E” dice que está ansioso por que cumplas con tu palabra, que no puede sacarse esa mirada de su cabeza y los nervios le están matando— me mira divertido.
—Este hombre es incapaz de mantenerse tranquilo, es un impaciente por conseguir lo que quiere. Debería saber a estas alturas que siempre cumplo lo que prometo— pone los ojos en blanco y se abrocha la camisa. Yo me termino de maquillar ligeramente y cojo el bolso.
Vamos al bar que hay en la esquina, justo al lado de la tienda de muebles. Parece que es uno de los más concurridos de la zona. La música suena alta y la verdad es que el ambiente me gusta.
— ¿Qué quieres tomar?— pregunta Mark cerca de mi oído para que pueda oírle.
Asiente. —Empezaremos por algo suave, unas cervezas marchando— me señala una mesa vacía y me dirijo hacia ella. Me siento y observo a la gente bailar, beber o simplemente conversar. A Joy le encantaría este lugar. Le mando un mensaje a mi mejor amiga diciéndole donde estoy, me responde de inmediato.
—Aquí tienes, brindemos. Por una larga y sincera amistad.
—Brindo por ello— chocamos nuestras cervezas y bebemos sonriendo. Nos hacemos unas cuantas cervezas más y Mark se levanta para ir al baño. Veo que observa la puerta del lugar pero no puedo ver a quién mira. Le hace una señal con la cabeza y sonríe. Tal vez sea el misterioso chico del mensaje, parece que Mark tiene un ligue. Me rio para mí misma, debe romper muchos corazones.
Voy a la barra a por otra ronda de cervezas y entonces veo a la chica que me está atendiendo quedarse boca abierta mirando algo o a alguien. Me giro para seguir su mirada y ahí están esos ojos azules que no he podido olvidar. Le observo detenidamente, pantalones vaqueros negros y rotos, camiseta azul oscuro y chaqueta negra de cuero, sonrisa torcida, mirada penetrante y el pelo castaño claro revuelto. Mi estómago se contrae y siento unas terribles ganas de lanzarme a sus brazos. Me he quedado tan pasmada como la chica de la barra, debo parecer de lo más estúpida, pero después de esas copas que me he hecho me cuesta reaccionar.
Detiene su avance y fija sus ojos en los míos, su sonrisa torcida se hace más grande y mi corazón se acelera desesperado. Ninguno de los dos se mueve, solamente nos observamos, me muerdo el labio inferior y veo como niega sin dejar de sonreír. Ahora parece muy peligroso y siento el calor extenderse por mi cuerpo. Imita mi gesto y muerde su carnoso labio inferior, sus fuertes brazos muestran sus músculos cuando se quita la chaqueta y la deja caer sobre una silla que está vacía. Madre mía, está hecho para pecar y yo me convertiría en pecadora sin pensarlo por poderle tocar solamente cinco minutos. ¡Basta! Parezco una colegiala cachonda, intento apartar esos pensamientos de mi mente pero mis ojos se niegan a dejar de mirarle.
La música de la pista cambia, la voz de Bruno Mars invade mis oídos y  mi canción favorita suena rítmicamente. “Locked out of Heaven” hace que mi cuerpo se ponga en movimiento, tomo una decisión y empiezo a andar al ritmo de la música hacia el dios de ojos azules. Él ha captado mi movimiento y hace lo mismo, ambos andamos hacia el otro sin romper nuestro contacto ocular.
Estamos frente a frente, unos centímetros separan nuestros cuerpos y puedo sentir la energía que emana del suyo. Es un hombre con mucha confianza en sí mismo y se le ve que siempre consigue lo que se propone. Intimidante y sensual muy sensual es como le definiría. Sonrío y empiezo a moverme al son de la canción, dejándome llevar por Bruno. Pensando en él como un dios, esta canción me viene perfecta para alimentar mis pensamientos calientes con este hombre. Empieza a moverse también y sin darme cuenta, estamos bailando. Veo cómo sus labios se mueven, está cantando la canción y se la sabe toda. Me rodea con su cuerpo sin dejar de moverse al compás de la música, yo no le pierdo de vista en ningún momento. Cuando está a mi espalda acerca su apetecible boca a mi oído y siento su aliento golpear mi piel. Todo el vello de mi cuerpo se eriza cuando le oigo cantar.
—“Porque hacerte el amor me lleva al paraíso”— pasa sus manos ligeramente por mi cintura y yo siento que voy a arder en cualquier momento, no dejes de tocarme por favor—. “Porque me haces sentir como si me hubiera quedado fuera del cielo…”— ahora le tengo delante mirándome a los ojos, aun con el sonido de la pista y la gente enloqueciendo le puedo oír—“por mucho tiempo”.
Pongo mis manos en sus antebrazos y las voy deslizando hacia arriba, no hemos dejado de bailar, pero ahora él me tiene cogida por la cintura. Detente Adele, estás cometiendo una locura, me grita mi subconsciente que sin duda tiene más cerebro que yo ahora mismo. Es un completo desconocido, pero no lo puedo olvidar ni borrar de mi cabeza. Llego a su cuello y siento como su respiración se detiene, tira de mí fuerte y termino pegada a su pecho. Todos enloquecen y se vuelven locos con la canción que empieza a llegar al final. Acerca sus labios a los míos y cuando están a punto de juntarse le oigo susurrar.

— “¿No puedo quedarme aquí? Pasar el resto de mis días aquí”— sin más, me dejo llevar y le beso. Le beso como nunca en mi vida he besado a nadie, con el alma, con el cuerpo, con el corazón. Todos mis sentidos se ponen alerta entre sus brazos y por absurdo que parezca, soy yo la que siente que acaba de entrar en el cielo.
Mark Steward